viernes, 29 de agosto de 2008

El fín no justifica los medios

Dice Max Aub muy acertadamente que "la revolución al precio de abandonar lo humano no vale la pena" porque el fin nunca justificará los medios y esto es doblemente verdad en educación donde los medios son parte y camino de la tarea de educar y también educan.
"El medio, la forma o la vía por la que se alcanza el objetivo es tan importante como el alcanzarlo. Forma parte del contenido del aprendizaje. Adiestra en los procedimientos e impregna de valores. Consecuentemente, el criterio no puede ser sólo y exclusivamente la eficiencia, el alcanzar el objetivo con más facilidad. El criterio debe ser dual: debe valorar también la forma, el modo, el proceso, la vía, el itinerario, el procedimiento, el método, la vivencia, el transcurso, el desarrollo." del temario de Didáctica de la UNED.

jueves, 28 de agosto de 2008

"A la deriva."

Los domingos ivamos corriendo hasta la fuente de la parra y alli sudoros@s y con la garganta seca nos zambulliamos en el agua helada hasta que no podiamos soportar el frio que nos entumecía los músculos. Entonces saliamos jadeantes, todavía jugando y dandonos codazos entre risas y nos dejabamos caer exaust@s entre las piedras blancas que bordeaban el riachuelo.
Adorabamos ese rincon del mundo y nunca lo compartimos con nadie.
Al terminar el instituto Ramón se marcho a Barcelona a estudiar teatro y yo me quede en Valencia sin saber exactamente lo que hacer conmigo. Se me antojaba que querían a toda costa hacerme ingresar en la sociedad adulta a la fuerza y sin mi consentimiento y todo lo que ella representaba era tan aburrido y falto de pasión que yo me revelé violentamente y acabe abandonando los estudios y dedicandome a vagabundear por la vida, ávida de aventuras y de conocimiento. Me parecía que ella me podía enseñar más y mejor que ningún colegio.
Y la fuente de la Parra quedó olvidada alli en el recodo del rio. De hecho toda nuestra inocencia quedo alli pues ya nunca fuimos capaces de ser tan sincer@s y espontane@s como entonces.
Una tarde de esas que el viento soplaba con fuerza sentí deseos de pasear hasta alli; mi interior, turbulento de naturaleza, estaba desorientado y necesitaba volver atrás y recuperar a la niña que fuí.
Nunca odié ni sentí desprecio por nadie, a veces me hubiese gustado, pero era algo que iva contra mi naturaleza. Cuando alguien no cuajaba conmigo pasaba a formar parte de las personas anónimas y des-conocidas que se podían mover a mi alrededor sin que yo las viera y que rara vez volvían a entrar en mi vida, ni siquiera de manera fortuita. Pero esta vez era diferente, el resentimiento no me dejaba dormir. La confianza, la amistad, traicionada y pisoteada, no me dejaba seguir, mi entendimiento se había enturbiado y ya no razonaba con claridad, era una obsesión que lo ocupaba todo y tenía que dijerirlo como una mala comida. De hecho era la amistad mi bien más preciado, lo más sagrado e importante de la vida y sentía la traición no como algo ocurrido sino como una muerte, tan real y dolorosa como esa ausencia irremediable.
Allí estaban las dos rocas grandes y lisas, mucho más pequeñas de lo que las recordaba, el recodo que hacía un remanso casi había desaparecido bajo la vegetación abundante. Hice lo que más me gustaba que era tumbarme y sentir la roca fría en la piel, el cielo y las montañas grandiosas por encima mío, protegiendome y mostrandome la grandeza del mundo, y con los ojos cerrados el rumor del agua, balsamo para mi corazón dolorido, llenandolo todo. Me dejé invadir por una suerte de nana que me acunaba y me adormecía llevandome de nuevo a todos esos mundos mágicos que poblaron mi infancia y mi juventud.
Atardecía y las luces del pueblo empezaban a encenderse cual estrellas a la lejos, el viento había amainado y el aire olía a tomillo y romero, la calma que me rodeaba era tal que sentí un escalofrío y apreté el paso pero no tenía miedo, era solo la noche la que me rodeaba y no quería dejar que me atrapará del todo. Tan noctámbula que siempre fuí y esta noche oscura me parecía más atrevida que las bulliciosas de la ciudad, había vuelto tan atrás en el tiempo que hasta el miedo a la oscuridad regresó con los recuerdos.
Alli con el alma desnuda me di cuenta de la coraza en la que me había ido acomodando con los años, tuve que esforzarme por arrancarla de mi piel dolorida que no quería prescindir ya de su protección y alli en el frio del camino la abandone y seguí caminando desnuda con un estremecimiento pero ligera como el viento que volvía a soplar con fuerza.

domingo, 24 de agosto de 2008

"Dia de fiesta"

El domingo era el dia de la fiesta y quería que todos lo mirasen con envidia, no tenía edad para brillar pero sus nietos si y quería que todo fuese perfecto. No hizo nada y espero a que llegase el dia pero luego nada le parecía bien, no le daban importancia a tantos detalles y los crios eran tan insolentes, estaban tan habituados a disfrutar que no soportaban ni los pantalones recien planchados, ni los zapatos relucientes, se diría que hasta les sentaban mal; eran maleducados, desobedientes y terriblemente vivos, tanto que conseguían estresarle y ponerle los nervios de punta. No tenían ninguna norma y ya les parecían muchas y crecían asilvestrados con la fortaleza y la vitalidad de las malas hierbas.
Muchos crios correteaban por las calles pero él tenía miedo de que sus nietos se ensuciasen antes de la procesión y allí los tenía a duras penas sentados en el sillón esperando el último toque y con la impaciencia puesta en la vela que ivan a llevar encendida, único premio por cumplir con la tradición que ellos todos, hijos y nietos, desdeñaban. Ningún hijo del que enorgullecerse, ningún nieto en rebelión con sus padres que habría sido su alegría y consuelo. Intento atraerlos hacia si pero el miedo ata corto y mal a los niños, son demasiado valientes.
Las campanas comenzaron a repicar y todos salieron de casa con alivio, los chiquillos estirando las velas inquietos buscaban su premio, no dejaban de chillar y en un momento todo el resentimiento acumulado en los últimos dias contra sus vástagos rebeldes, se concentró en la punta de sus nervios y paso por el codo hasta la mano y los dedos se encogieron crispados en un puño; el mayor estiro la mano y la paseo por la suciedad de un portalon abandonado y antes de acabar el recorrido recibió una solemne bofetada que sonó en toda la calle y humilló al chiquillo.
Apenas por un segundo se relajaron sus nervios porque sabía que había roto el fino hilo que mantenía la armonía, el chiquillo no conocía ese trato y no lo iva a permitir. Tiró la vela al suelo y salió corriendo, casi al mismo tiempo que su hermano rompía a llorar desconsoladamente.
Tuvo que ir lejos a buscarlo y pasar bastante tiempo en silencio a su lado porque temía que volviese a salir corriendo. Estaban en las huertas y las luces de las velas se veían a lo lejos funebres y tristes, esta era su fiesta pero él nunca la vió desde lejos. ¿O si?.
Mientras el chico sollozaba inconsolable a él le vino a la cabeza un dia en que él era el fugado y solo esperaba, y siguió esperando, a que su padre lo buscase y lo consolase, tal vez en aquel mismo lugar. Pero nadie lo buscó y tuvo que regresar con la cabeza gacha y recuerda como se vengó de su insignificancia, como pasó el tiempo mirando un hormiguero que tenía cerca y al cual acabo pisoteando llevado por un irrefrenable deseo de compartir con alguien su dolor. No recordaba momentos felices aunque estaba seguro que los hubo, solo guardaba en su memoría las cosas que no dejaban de dolerle.
Buscó con la vista al chico y solo entonces lo vió de verdad, abrió los brazos y el chico se precipito en ellos, ávido, con la codicia de los generosos e incapaz de guardar rencor.

Libertad

Mi conciencia de las cosas, un mundo autónomo que no necesite de la aceptación ni sea en el exterior más que en si mismo.

sábado, 23 de agosto de 2008

"Cazadora de rostros".

En esa estación pasaba las horas ensimismada viendol@s pasar. Sus caras no reflejaban nada, apenas la prisa y el desinteres. Estudiaba los rostros con la desverguenza de una niña, intentando encontrar emociones pero solo una leve angustia se dibujaba en los más vivos.
Ella solo buscaba alguna sorpresa del destino y asi cada mañana se dejaba llevar y, con la ilusión de que algo le iva a suceder, caminaba con paso rápido hacia la estación, el lugar más bullicioso de su provinciana ciudad. La gente se movía arriba y abajo, un@s llegaban, otr@s marchaban y l@s menos se acercaban a despedir o recibir a algún@ viajer@: ¿amig@, compañer@, herman@?, su imaginación se esforzaba pero no conseguía desentrañar de esos rostros mudos ni tan siquiera el inicio de una historia apasionada.
Se sentaba en un banco de madera y esperaba a que alguien cansado se sentase a su lado para entablar conversación pero estas gentes no hablaban y la mayoría de las veces la miraban como si estuviese loca o peor como si fuese una persona entrometida y cotilla, lo peor era cuando llevaban niñ@s y no l@s dejaban acercarse, eso ensombrecía su vida no por unas horas, sino que luego pasaba dias y dias sin permitirse ir a la estación, su única distracción, odiando al mundo y a ella por estar sola, por necesitar de los demás y por la necedad del mundo; esos dias no soportaba ni la luz del dia y salía al atardecer esquivando las calles bulliciosas y persiguiendo una soledad de la que al mismo tiempo huía.
Le negaban la vida como si ya la hubiesen enterrado y su único delito fué no pertenecer a nadie, no podía soportar por mucho tiempo la compañía de nadie y no se lo perdonaron, l@s amig@s le fueron abandonado hasta no querer saber nada de alguien tan egoista, pero no era por egoismo que no quisiera acomodarse a nadie, simplemente su naturaleza fuerte y salvaje no se lo permitía, no soportaba tener que hacer cosas por compromiso, necesitaba vivir la vida como venía, sin programas, inventandola conforme se la encontraba, improvisando siempre. La seguridad para ella representaba la muerte.
Hoy la muerte estaba en la inmovilidad de su vida y en la ausencia de seres queridos siquiera amigos que le acompañasen en sus últimos años, porque ya era demasiado vieja para reinventarse y además le gustaba ser asi.
Un dia estaba distraida y a su lado se sentaron una familia muy excentrica: el hombre llevaba una cresta al estilo de los gallos, incluso era de color rojo y ella, la mama, estaba distraida en alguna extraña actividad que no alcanzaba a ver, mas tarde descubrió que hacía una especie de pulseras de colores con nudos, los niños estaban sucios y chillaban pero de pronto se acercaron a ella y nadie dijo nada; el pequeño más atrevidose se sento a su lado y al momento estaba con la cabeza en su falda riendo a carcajadas porque su hermano le hacía cosquillas y nadie decía nada. Se quedo por un momento rígida, el contacto humano hacía tiempo que no formaba parte de sus sentidos y le hizo temblar. No tardo nada en rehacerse y entablar conversación con los niños y la mama le miro con una cara tan dulce que de nuevo se sintió niña y se relajó y confiada jugó y rió a carcajadas como hacía años que no lo hacía.
Cuando se fueron se quedó dormida, agotada, como un niño después de un dia de feria y su sonrisa sin dientes iluminaba su cara, la única entre el bullicio que mostraba la vida con toda su fuerza aún despues de haberla abandonado.

viernes, 15 de agosto de 2008

"Cuando regresar es un sueño"

Los dias habían perdido la emoción de lo prohibido y la autodestrucción arrogante en la que me sumergí ya no era algo transgresor sino una carcel de la que no podía salir. Todas las mañanas me levantaba, con el cuerpo dolorido de una persona de 90 años que tan solo ha vivido 30, salía arrastrando los pies en busca de lo que me permitiría ser persona y olvidar los dolores, nada placentero, solo mi dosis para poder funcionar.
Llegar hasta alli impaciente y ponerme en la cola interminable y rezar por que fuese la cola correcta y tuviesen un material que por lo menos me quitase el mono, si no era asi no iva a poder reclamar a nadie y no tenía más dinero. Era como el pan de cada dia pero mucho más humillante. Los que vigilaban que no viniese la policia o que no hubiese broncas te trataban a empellones y tenías que callar si querías que te llegase el turno. Apenas sin hablar y como ganado asustado y domesticado permanecíamos en la cola y si habia que romper filas y esperar dos horas hasta que se fuese la policia pues alli fieles permaneciamos, temblando y simulando algo que sabíamos inútil y pensando en como habíamos llegado hasta alli pero sin atrevernos a plantearnos la forma de volver atrás.
Todo era como un rito automatico del que, hipnotizados, no podíamos salir. Las rejas las llevabamos dentro e invisibles cumplían su papel, me había dejado engañar y me habían robado las fuerzas y pensar que siempre luché por mi libertad y mi independencia; me consideraba una persona valiente hasta que esta especie de anestesico me robo la voluntad a cambio de una mezcla de euforia y tristeza que en un principio era literaria pero ahora se había convertido en penosa.
Mirarme en los ojos de l@s personas que todavía amaba me resultaba tan doloroso que poco a poco como sin querer y sin poder evitarlo me había ido alejando pensando que la distancia borraría mi pasado ya que no me atrevía a escapar a mi presente. De repente estaba a mil kilometros de mi mundo y sin un centavo, en una plaza cualquiera encontré un amigo y una "casa" que era una caseta de obras para guardar las herramientas, alli dormía por las noches y me despertaba por las mañanas, extrangera en cualquier sitio, más desarraigada que nunca.
Supongo que era una imagen excentrica, más siendo mujer y joven, viajar sola no era lo habitual, callejear inducía a dudas que podían ser fatales para mi. Pero poco a poco fuí perdiendo la verguenza, aunque nunca del todo, y pedí dinero, aparque coches y soñé con no ser yo, con no estar alli y volví a intentar escapar pero la cobardía también volvía con el yuyu y temblando y llena de dolor volvía al redil, a seguir trabajando para ellos.
Ibamos siempre allí, casi que le tengo cariño a esa choza desvencijada que me resguardaba del viento y me permitía fumar hasta encontrar la lucidez, porque este vino dulce te producía una lucidez y un pensamiento crítico que era lo que la hacía más insoportable y deseable a la vez; vivía en un abandono que me parecía inmoral sobre todo cuando pensaba en las personas que me querían pero yo no podía dejar de huir, esas cuatro paredes desvencijadas eran como el vientre de mi madre, en ellas y por un rato encontraba consuelo y gente con la que conversar en lo más parecido que podía tener a un diálogo entre amigos. ¿Acaso merecía más?, elegí el camino de la soledad, libre pero sola y a merced de todo el mundo.¡Que ironía donde fuí a buscar la libertad!
Mi cuerpo estaba cambiando y yo no quería verlo, hasta que fué evidente y entonces, ya no por mi misma, fuí valiente al fín y abandone mi abandono y me enfrente al mundo, un mundo que me había producido mucho pesar y cuyo descubrimiento no había sido facil ni placentero pero en el que tenía que vivir y del que tenía muchas cosas todavía que aprender y otras por las que luchar. Rehacerme y encontrar todos los pedazos entre las cenizas fué largo pero también aparecieron trozos de mi misma que yo desconocía y eran yo y estaban alli, palpitantes y vivos. Construí con todo este puzle lo metí en una maleta y regresé.
LO IMPORTANTE NO ES LAS VECES QUE TE CAES SINO TODAS AQUELLAS EN LAS QUE TE VUELVES A LEVANTAR

miércoles, 13 de agosto de 2008

"La sonrisa de carmin".

Todos los dias se levantaba a la misma hora, realizaba las tareas domesticas y buscaba la forma de pasar desapercibida durante el resto del dia; afortunadamente nunca se sintió sola con todos esos compañeros que su tia le iva a dejar en herencia, la única que ella ansiaba, a parte del nunca reconocido deseo de que su querida tia desapareciese de su vida.
Siempre tuvo mala suerte aún sin saberlo y todo se volvió en su contra cuando quiso ayudar y acompañar a su solterona y triste tia. No es que pensase que una debía casarse para ser feliz, nada más lejos de su intención; pero si supo cuando llevaba apenas tres semanas en esa casa que alli nunca se conoció nada parecido a la vida. Y esta se replegaría sobre su sobrina como algo inevitable, era su herencia además de sus queridos compañeros los libros que la tia había heredado del abuelo.
Cuando entró en la cocina sintió deseos de huir, algo le hizo recordar el tiempo en que vivian sus padres y todavía estaba permitido reir y en su rostro se dibujo una mueca, prefería no pensar en nada porque todo lo que quedaba en su memoria dolía; apenas podía acordarse de sus juegos, de alguna amiga, del colegio...solo el vacio, como si intentase rescatar la memoria de otra persona.
Seguramente esta locura era una pesadilla, conseguiría pintarse una sonrisa tras la puerta de la cocina y dibujarla con carmín mirandose en el reflejo del cuchillo pero solo sintió ganas de vomitar y después con el sabor agridulce entre los labios dormir.
Cuando desperto tuvo una extraña sensación, no sabía como había llegado a esa situación, poco a poco se había habituado a ser apenas y sin ruido, si se olvidaba de ella todo era más facil. Los libros le llevaban a tantos lugares, le hacían vivir tantas vidas que no ansiaba más que vivir lo suficiente como para poder leerlos todos, había tantos.
La casa era sombría y su tia no le dejaba abrir los balcones porque decía que la corriente era muy mala y el sol estropeaba la piel. Pero era primavera y ella iva a cumplir 23 años.
En el filo del cuchillo se pintó los labios y una sonrisa se dibujo en su rostro, se sintió hermosa y rebosante de vida y de repente supo lo que tenía que hacer. Busco su libro más querido y su hucha de cerdito, la tenía desde que era pequeña, y ya sin miedo solo dijo: "volveré tarde".

sábado, 9 de agosto de 2008

"Cada dia"

Erase una vez un señor, ¿o era una señora?, con su pelo ensortijado y su tez oscura la veíamos cada tarde pasar, arrastrando los pies para ir a sentarse al banco más sombreado del parque.
Cuando aparecía la gente la miraba de reojo, había quien decía que era peligrosa, que estaba enajenada; las madres desconfiadas se acercaban a sus retoños e incluso llegaron a inventar historias para que l@s niñ@s no se acercasen demasiado.
Ella con la mirada perdida parecía no darse cuenta de nada. Tenía los ojos grandes y la tristeza que reflejaban daba vértigo, tal vez por eso nadie la miraba a los ojos.
Un dia ocurrió, la pelota llegó rodando hasta sus pies y un niño tras ella, nuestra señora levantó la mano y ...acarició la cabeza del chaval: "¿quieres que te cuente una historia?. Yo también tengo hijos, están en mi pais, alli las cosas son diferentes..."
Y cada dia desde entonces nos cuenta historias, robadas a la memoria y tal vez también a la imaginación, que son sus recuerdos, sus sueños, su vida y a veces sus ojos se nublan y sus labios esbozan una leve sonrisa, creo que entonces por un segundo es feliz.