martes, 11 de diciembre de 2012

Solo un juego

Esta tarde en el parque estaban unos hermanos jugando, digo hermanos porque eran de diferentes edades desde la pequeña que debía tener 3 años hasta el mas mayor que tendría 13 o 14 años y ya los había visto en otras ocasiones jugando a pillar juntos en alborotado jubilo.
Pero hoy me fije en sus palabras en vez de en sus risas y se me heló la sangre en las venas. 
Entre risas y bromas una de las chicas hacía de policía y le daba porrazos al mas mayor insultándole con palabras como "maleducado", "ladrón", "vete a tu tierra"; luego la otra chica con los pequeños se subía al columpio y hacia como que estaban en casa y tenían miedo, miraba por la ventana a ver si venía la policía y protegía con su abrazo a los pequeños y les decía frases tranquilizadoras.
Me levanté inquieta, sintiéndome una intrusa en su escenificación que para ellos no era mas que un juego al que se entregaban entre risas, bromas, achuchones y carreras. De pronto la voz del chico más pequeño que tendría unos 5 años, dirigiéndose al que la policía acababa de poner las esposas, resonó por todo el parque: ¡Robapaises!. Ante ese insulto hasta el "detenido" se sintió ofendido, "oye ¿que país he robado yo?.
Solo era un juego de unos chicos inmigrantes, un juego simbolico, como todos aquellos a los que juegan los niños imitando a los adultos.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Una oportunidad que se nos da en la palma de la mano...

Carta: La educación prohibida.
"Hoy en día la educación esta prohibida, muy poco de lo que pasa en nuestra escuela es verdaderamente importante, y las cosas que importan no se anotan en ningún cuaderno ni en ninguna carpeta. Como encontrarnos con la vida, como enfrentarnos a las dificultades, No lo sabemos. Hablan mucho de educación, progreso, democracia, libertad, un mundo mejor, pero nada de eso pasa en el aula. nos enseñan a estar lejos unos de otros y a competir por cosas que no tienen valor. Padres y maestros no nos escuchan, no nos preguntan nunca que opinamos, no tienen idea de que sentimos, que pensamos o que queremos hacer. No seria maravilloso poder elegir día a día poder ir a la escuela, que sea elección nuestra no de nuestros padres, que la escuela sea un lugar hermoso, donde disfrutar, donde jugar, donde ser libres, donde elegir que aprender y como aprenderlo. Enséñenos que las cosas pueden ser distintas, ese es el ejemplo que nos tienen que dar, sus expectativas son suyas no son nuestras y mientras las sigan teniendo vamos a seguir fallando. Por todo esto decimos “BASTA”, basta de decidir por nosotros, Basta de calificarnos, basta de imponernos. Ni la ciencia, ni los exámenes, ni los títulos nos definen. Acá estamos para eso, para hablar, para compartir nuestras ideas, aprender que las cosas se pueden cambiar. Nosotros vamos a decidir que queremos ser, hacer, sentir o pensar. Creemos que la educación esta prohibida, no por culpa de las familias, no por culpa de los estudiantes, no por culpa de los docentes. La educación la prohibimos todos, Cada vez que decides mirar para otro lado en vez de escuchar, Cada vez que elegimos la meta en lugar del trayecto, Cada vez que dejamos todo igual en lugar de probar algo nuevo. Seas Docente, seas alumno, seas padre, seas quien sea ayuda. LA EDUCACIÓN TIENE QUE AVANZAR, TIENE QUE CRECER, TIENE QUE CAMBIAR.”
...si no podemos verlo como una oportunidad tal vez nos estamos subestimando un poco. La pregunta sería ¿estamos dispuestos a tomar esa oportunidad? y ¿estamos preparados para ese cambio?

http://www.educacionprohibida.com/

viernes, 29 de junio de 2012

Compartiendo sueños, construyendo vínculos, disfrutando JUNTOS, colechando

La crianza de Baco (1632)


Señor Estivil queremos dormir juntos, queremos dormir con y como nos de la gana y no queremos que nadie nos juzgue ni nos mire de arriba a abajo porque no necesitamos una habitación para cada uno y estamos contentos en nuestros pocos metros cuadrados.

Su filosofía del abandono solo consigue separarnos, alejarnos, alimentar el individualismo, la desconfianza en los otros y quitarnos fuerza y poder en lo colectivo.

¡Queremos criar y crecer JUNTO a nuestros niños y niñas desde el cuidado, el amor y la satisfacción de sus necesidades!

martes, 12 de junio de 2012

Experimentando con mi libertad


En el cole de mis nanos siempre hay quejas con las extra-escolares, que si no las aprovechan, que si es un aparca-niños, que si siempre hacen lo mismo, que si no avanzan, que si se aburren, que si el monitor...
Pero ¿algún padre o madre se ha preguntado si esas actividades las ha elegido el niño o niña libremente o si son una necesidad nuestra para conciliar nuestros horarios con los de nuestros niños?.
Muchas veces oigo decir que lo han elegido los niños y que tienen que ser consecuentes con lo que eligen y aguantar la actividad hasta final de curso, sin darse cuenta que les niegan a las niñas y los niños el derecho a elegir, el derecho a equivocarse y el derecho a experimentar; no es el para toda la vida con el que cargamos muchas veces los padres pero un año en la vida de un niño puede ser una eternidad...
Con las actividades extra-escolares deberíamos hacer una excepción (ya que no podemos hacerlo con las escolares) y que fuese imprescindible la libre elección por parte del niño o niña. Si las empresas de extra-escolares pusiesen esto como requisito seguramente se sorprenderían de lo que mejora el funcionamiento de estas y a los niños les liberaríamos de una obligación más, que ya tienen suficientes.
Pero no son mas  que empresas al servicio de un cliente, de un pagador que en este caso son los padres.
En los años de infantil dudo que haya ninguna actividad que funcione porque las niñas y niños de estas etapas son muy pequeños y la jornada escolar ya es de por si suficientemente extensa para ellas. En una ocasión el equipo de infantil pidió que estas actividades, si se realizaban por "fuerza mayor", fuesen lúdicas y no escolares, pero ya se sabe que cuanto más pequeño es uno antes adquiere los idiomas y los padres con las anteojeras ya puestas pidieron inglés para infantil y, como no, tuvieron inglés y los chiquitines después de pasar todo el día en el cole aún tenían una hora extra de actividad académica ¡y luego quieren que rindan!

Os invito a leer este artículo del País: "Papa, dame un respiro" en el cual se reflexiona sobre la facilidad con que los padres conciben a los hijos como sus grandes proyectos sin tener en cuenta que son las niñas y niños quienes tienen que escribir y proyectar sus vidas.

viernes, 25 de mayo de 2012

MANIFIESTO A FAVOR DE LOS NIÑOS Y NIÑAS


            Antes de que los niños empiecen a gatear, la guerra ya está establecida; se ha desencadenado la espiral de la represión de los adultos y de la resistencia de los niños. Los padres tienen que levantarse temprano para ir a trabajar, tienen sueño, están cansados. Lo más probable es que no se den cuenta de lo que están haciendo y que piensen, según el credo en vigor, que lo que ocurre es que los niños son así, dan guerra, son malos. No ven que los berrinches de sus bebes son la manera que tienen de protestar por lo que les hacen; no se dan cuenta porque piensan que ellos están haciendo lo que hay que hacer. Empiezan poco a poco a albergar resentimiento y rencor contra quien les ha trastocado su vida y traido tanto “trabajo”. El bebé parece el “culpable”, el que ha originado la situación. Es preciso insistir en que el bebé no ha originado la situación; que la sociedad adulta es quien ha eliminado el espacio social necesario para la crianza de las criaturas humanas, haciendo ver que es compatible con el trabajo fuera de casa de los padres, etc. Desgraciadamente pocas madres y padres se cuestionan el orden doméstico y social establecido y por eso se razona la situación de términos de “la guerra que dan los niños”. De este modo se refuerza la espiral: hay que acostumbrarles a nuestros horarios, a nuestras costumbres, pues la madre ha de volver enseguida al lecho conyugal, al trabajo doméstico e incluso al trabajo fuera de casa; por eso no hay que mimarles demasiado, tienen que ir aprendiendo.
            Cuando los bebés empiezan a tener alguna autonomía (gatear, dirigir las manos, andar) despliegan una enorme vitalidad; ganas de descubrir, de conocer, de moverse, de tocar, de ver rodar las cosas; y enormes son las medidas que toman los adultos para prohibírselo: meten a los bebés en cunas y parques con barrotes, pequeñas cárceles imprescindibles en los hogares occidentales donde las madres no llevan a los niños colgados en sus cuerpos y donde nada, ni las casas ni la calle, están hechas tomando en consideración las necesidades de las criaturas, sino a la medida del mundo adulto. Las casas se preparan para que los niños no puedan jugar ni moverse; no pueden pintar paredes ni gatear por toda la casa, ni tirar los ceniceros de porcelana ni manchar las tapicerias de los tresillos. ¡Con lo que nos ha costado tener el piso y amueblarlo! Para cada nueva iniciativa hay un “no” que espera. Así, poco a poco se va reprimiendo la vitalidad de cada criatura. Algo se le coge en brazos, algo se le deja gatear, algo se le deja pintar, algo se le deja coger (esos “algos” son los objetos de estudio de los pedagogos y psicólogos), algo hay que dejarles porque sino se morirían del todo, y de eso no se trata (al menos en lo que respecta a la mayoría de nuestros niños occidentales) sino de asegurar su supervivencia recortando su vitalidad, modelándola y orientándola hacia la sumisión y la adultez patriarcal.
            No hace falta ser un psicópata malvado. La violencia contra los niños es la única permitida por ley y por las costumbres. Los conceptos de “educación” y de “protección” cubren el autoengaño: se dice que no se puede dejar que los niños hagan lo que quieren porque se harían daño; las prohibiciones son, pues, inevitables. Por ejemplo, hay que poner barrotes en las cunas para que los niños no se caigan. Pero, ¡es tan sumamente fácil poner una cama a ras del suelo! ¿Es por casualidad que a nadie se le ha ocurrido? No, no lo es. F. Dolto también ha desenmascarado esta justificación de la represión de los niños, demostrando que con las prohibiciones habituales un niño pierde seguridad, pues se le impide aprender las cosas de este mundo con las que tiene que convivir,  eso precisamente es lo que le hace vulnerable. En lugar de ir adquiriendo autonomía, se les va atontando, infantilizando para poder ser manipulables por los adultos: antes que nada se trata de poder llevarles a donde los adultos quieren. Si renegásemos de la autoridad, del poder fáctico que los adultos tenemos sobre los niños en esta sociedad, sustituiríamos la prohibición con la información, como haríamos con un visitante adulto al que no consideráramos inferior que llegase a nuestra casa o a nuestra ciudad y que desconociese cómo funcionan las cosas. ¡Qué distinta actitud! Ayudarles a descubrir y a conocer el mundo en el que van a vivir. Esta es otra manera de defender a los niños intentando reducir el anchísimo campo de prohibiciones que le espera.
            Según las circunstancias (el grado de resignación de la etapa bebé, el grado de trabajo de los padres y la dosis de agresividad en reserva interiorizada que tienen, etc) se van definiendo las trincheras y las líneas del frente: los espacios, los tiempos, las comidas, la compañía que se asigna a cada niño, los “algos” que se pactan para su supervivencia y entorno a los cuales se libran las batallas cotidianas cada vez que el niño muestra su inconformidad con los límites y los cercos que se le ponen.
Cuando los niños empiezan a hablar, a las barreras físicas se le añaden barreras verbales: amenazas, chantajes, desprecios; consiguen humillarles, asustarles, frenarles tanto como los barrotes de los parques o de las cunas y las correas de las sillitas. Hasta para dormirles se les amenaza metiéndoles miedo, cantando nanas que dicen que van a venir “cocos” que se los van a llevar. El miedo y la humillación conducen a la auto-represión, que es más eficaz y más imprescindible que la represión exterior.
            !Cállate y come! ¡Estate quieto! ¡Eres tonto! ¡Como no dejes de llorar te voy a dar! ¡Se lo voy a decir a tu padre! ¡Vete ahora mismo a la cama! ¡Obedece ahora mismo! ¡Eres inaguantable! ¡Ya no te quiero! ¿A dónde vas? ¿De dónde vienes? ¿Dónde te habías metido? ¿Cuántas veces tengo que decirte que te laves las manos? ¡ Lárgate de mi vista! ¡Eres peor que un hijo tonto! ¡Qué ganas tengo de que crezcas!
Los niños aprenden de sus mayores las reglas del juego. Las técnicas de lucha. Y si no se les ha resignado demasiado en la etapa primal, serán niños malos a los que se les reñirá, castigará y pegará con frecuencia. Como todavía tienen mucha imaginación no cesan de inventar “diabluras” y travesuras para afirmar su dignidad y desahogar la cólera.
            Pero no se puede observar el comportamiento de un niño aisladamente de todo su proceso. El niño lleva luchando por su vida desde que nace contra los adultos y contra el orden establecido por esos adultos. Lleva ya dentro mucha rabia contenida. Desde que nace ha sido arrastrado a la espiral de la violencia originada por los adultos. Un niño “malo” es un niño rebelde y un niño “bueno” es un niño obediente a los adultos. No podemos olvidar en ningún caso esta ecuación.
            Tampoco es una guerra en igualdad de condiciones. Los adultos tienen el poder y, en cualquier terreno en el que se plantee la lucha, siempre llevan las de ganar. Desde el poder para decidir lo que van a hacer cada día, cada mes, cada año (despertarse, dormir, comer, lavarse, ir a la guardería, ir al colegio, ir los domingos a tal sitio, ir de vacaciones a tal otro...), el poder para obligarles, para castigarles, para pegarles... Tienen el  poder y todas las armas. Los malos tratos a los niños fueron recogidos en el I Congreso de la Infancia Maltratada, de mayo de 1989, dando para el Estado español la cifra de cuatro mil niños muertos al año (once diarios), amén de una increíble cifra de niños con heridas graves que no mueren; según diferentes congresos de enfermería, medio millón de niños sufren malos tratos en nuestro país (Integral (15) 495).
            Esta represión y esta situación de violencia generalizada contra los niños no sería posible sin la complicidad de toda la sociedad adulta; sin ese pacto adulto tácito que todos suscribimos cuando alcanzamos la madurez. Aunque no tengamos hijos o niños directamente a nuestro cargo, todos somos culpables por omisión.
            Precisamente, lo más terrible de la represión que sufren los niños es la soledad, el no tener a nadie de su parte, que les dé seguridad interior, que les diga que sus padres son unos cabrones y que él no se merece lo que le hacen. Es el testigo que pide Alice Miller para salvar al niño. Porque si el niño acepta la represión como un bien que le hacen no se le permite ni siquiera esa rebeldía interior que podría salvarle. En todas las civilizaciones existe un Cuarto Mandamiento que sacraliza a los padres (y a aquellos adultos en quienes los padres deleguen circunstancialmente su poder) para asegurar la obediencia y la aceptación de la represión. Esta sacralización hace que incluso los hijos encubran los malos tratos que les infligen sus padres para preservar su imagen exterior.
            ”Algunos secretos tienes que desvelarlos” reza el slogan de la campaña que ha lanzado un “teléfono del niño” en Holanda: cuarenta y cinco mil llamadas en 1991, más de cien diarias, de las cuales veinticinco mil relataban problemas acuciantes. En ocasiones el niño no podía articular palabra y sólo podía dar golpecitos con el auricular (dos para un sí y tres para un no). “cuando por fin verbalizaban su situación, mostraban sobre todo miedo a no ser querido y temor al responsable de la violencia, el padre (sesenta por ciento), la madre (treinta y cinco por ciento) e incluso hermanos y tíos.” (El País, 2-4-92).
            La carencia de afecto y de cariño que arrastra el niño, desde que es separado de la madre al nacer, es una pieza clave del sistema. No es sólo una represión que se impone; es una vitalidad que no se deja crecer. La necesidad de cariño en los niños no está falseada con la película del amor entre la pareja como sucede en los adultos, que proyectan de ese modo todas sus necesidades de afecto, incluida su carencia más primaria. El niño busca cariño en todas partes, en todo su entorno. Necesita ser querido y aceptado para calmar su herida. Y esta necesidad es utilizada vilmente por los adultos para hacer al niño todo tipo de chantajes y humillaciones y para atemorizarle. Este mecanismo es más eficaz que los castigos y las palizas.
            Pero además de la familia está la escuela, que es la segunda institución de represión de las criaturas. La familia no basta. Desde el siglo XVII, la familia no basta. Los tiempos corren; vienen las declaraciones de los derechos humanos, la Ilustración, la revolución francesa... a grandes palabras de libertad se hacen necesarias grandes mentiras... Los métodos de sometimiento cambian. Las cadenas de hierro se cambian por el sistema de creencias que hay que inculcar. Por otra parte, la revolución industrial exige disciplina... ¡La escuela! ¡Que gran invento para matar todos los pájaros de un tiro, y encima en nombre de la cultura y de la ilustración!
            La misión de la escuela es inculcar la disciplina y una determinada manera de ver la historia y las cosas; es decir, la filosofía de la sociedad patriarcal. Las materias que se imparten son un medio para lograr estos fines. Pues está demostrado que toda la materia que se imparte durante los ocho años de la EGB se podría aprender a los catorce años en unos meses. Además, las cosas importantes el niño no las aprende en la escuela. Pero la cuestión no estriba en lo que el niño aprenda, sino en impedir que aprenda lo que quiera, cuando quiera y como quiera. Se trata de impedir, como ya dijo Einstein, que desarrolle su propia curiosidad, su propio interés por las cosas.
            La escuela tiene por cometido continuar el control minucioso de cada niño que sus padres solos no pueden realizar; se les impone la obligación de asistir a clases, que cubren, hora a hora la mayor parte del día. En cada hora de clase tienen unos deberes que hacer, unos cuadernos que presentar, unas lecciones que repetir de memoria. En ninguna cárcel se ejerce semejante control sobre un adulto. Ningún adulto tiene tan definidas todas las horas de sus días como las tienen los niños; ni en la peor de las cadenas de producción. Porque salen de la escuela, y en casa tienen que seguir haciendo deberes o yendo a tal clase extra que los padres le han puesto. En la desesperación un adulto puede mandar a la mierda un trabajo o a su cónyuge. Pero un niño desesperado no tiene opción a dejar a sus padres o a dejar la escuela aunque los padres o el maestro le peguen o le humillen continuamente. En cuanto a los rendimientos “ningún adulto soportaría el trance de ser calificado regularmente y examinado por lo menos una vez al año”, según el jefe de la Unidad de Psiquiatría infanto-juvenil del hospital del Niño Jesús de Madrid.
            Los niños se encuentran con todas las puertas cerradas con demasiada frecuencia y sin nadie a quien pedir ayuda. El número de llamadas de llamadas al Teléfono del Niño en Holanda y las cifras de suicidios escolares son prueba de ello: el suicidio es la tercera causa de muerte en niños y adolescentes.


Asociación Antipatriarcal, “Manifiesto a favor de los niños y niñas”,
Grupo Donostia, junio de 1992

lunes, 26 de marzo de 2012

De salvajes y otras tribus


Mi madre diría que si te acostumbras a vivir sin disciplina eres como un árbol torcido, y los árboles hay que enderezarlos desde pequeños para que crezcan rectos o con la forma que su dueño quiera por capricho o porque produce más. Los caprichos de la naturaleza están prohibidos en una naturaleza prostituida por la producción.
Pero cuando te acostumbras a no dar cuentas a nadie, cuando el juicio del mundo no es de tu incumbencia, cuando los horarios de tu vida son lo suficientemente flexibles como para depender más de tus apetencias que de tus obligaciones, cuando comes solo si tienes hambre y duermes cuando tienes sueño, cuando empiezas a deshacerte de tus los prejuicios y culpas, cuando lo que posees deja de ser importante y no sirve de medida para valorar a las personas, te sientes tan ligera, es como volver a lo salvaje, a lo más innato de nosotros en este mundo tan antinatural.
Esta inmensa maquinaria hace posible que una pequeña minoria viva  a todo tren de la pobreza y el sudor de una gran mayoría y si decides salirte del engranaje te conviertes en un excluido, un vago que tiene que sentir remordimientos de su "inutilidad", de su rebeldía.
Pero la verdad es salvaje y si tuvieran tiempo entre el trabajo y la familia para pensar, para observar el funcionamiento de este mundo se darían cuenta de la estafa de esta vida que vivimos cada día con resignación y que nos venden a tan alto precio.
Erik From decía que tenemos miedo a la libertad por las responsabilidades que conlleva porque cuando dejamos de obedecer  hay que enfrentarse a las consecuencias de nuestras decisiones pero la responsabilidad no esta reñida con la indisciplina ni la desobediencia con el respeto. Es el querer frente al deber y en este mundo no se pueden permitir que prevalezcan los placeres porque no son productivos.
Y la principal arma del sistema capitalista contra este relajo es la familia, una de las cadenas mejor inventada que reproduce en su seno el sistema represivo y jerarquizado de la sociedad patriarcal.
Si intentas salir, la reproducción infinita de ella que te rodea se encargará de llevar a la oveja descarriada a casa o echarla del rebaño con sus sistemas de marginación hechos a conciencia para que la máquina no se pare o el resto no se contagie.
Ser libre esta prohibido, vivir sin trabajar esta penado si eres pobre, y si eres rico ni siquiera vas a tener oportunidad de salir de tu rebaño porque tus riquezas te protegeran de conocer la vida, acaparando todo tu tiempo en no perderlas.
Cuando se besa un poco de libertad, tu pie ya no puede retroceder, volver atrás es insoportable. Es como la tortura de la que te liberan y a la que te habías acostumbrado. El dolor formaba parte de ti y ya no le prestabas atención, pero cuando te liberaste te sentiste tan aliviada, recordaste todo el dolor anterior y ¿como podrían convencerte para volver a la tortura?.
Este es el camino de mi vida, ir librando batallas contra un mundo que no me gusta e ir despojandome de los miedos, las corazas y los sentimientos de culpa que esta educación cristiana me inculcó sin yo pedirlo cuando no podía defenderme.
Buck, el perro de Jack London, cuando recupera la selva siente remordimientos por su amo, aunque no añoranza; después de recorrer kilómetros y kilómetros de selva, siente la sangre correrle por el cuerpo por primera vez y, de verdad, se siente vivo y liberado, pero la culpa no le deja seguir, vuelve al amo para reconocerlo que no para quedarse. Su libertad es ahora más importante que lo más querido y no perjudica al amigo, solo perjudica al amo que no puede valerse más de ti, que no puede aprovecharse, y eso no se puede consentir, el amo te necesita, tienes que trabajar para él ¿porque? porque él es el amo. Generación tras generación el amo siempre es el mismo porque fué el más rápido, el más listo o el más traidor, tal vez fué un asesino pero ya no lo recordamos, por eso nos prohiben la libertad, por eso no nos dejan correr libremente, ni que nos hierva la sangre, ni que nos sintamos vivos porque entonces descubririamos la plenitud de la vida, recuperaríamos la memoria y no tendríamos más remedio que desobedecer como pulsión vital, como puro instinto de supervivencia, solo nos quedaría correr, correr como no lo habías hecho nunca y recuperar la vitalidad perdida porque ante ti solo esta la selva para recorrerla y la reconoces, y la recuerdas y sabes que no te van a volver a atrapar.

"Si hay algo más importante que el amor a la libertad es el odio a quien te la quita"

sábado, 24 de marzo de 2012

Bichos raros, anacronismos y desencuentros con la vida

Confinada en la defensa de su individualidad, en la terca decisión de ser ella misma, de no dejarse domesticar, había llegado a aquel mundo donde las prioridades eran la supervivencia pura y dura.
Cada mañana lanzaba sus libros por encima del muro del chupano donde dormía y luego saltaba al mundo para ir a clase. Cuando llegaba al instituto sus cascabeles, sus faldas largas y sus pies descalzos la delataban.
Caminaba por los largos pasillos acompañada del clin clin chivato de su postura sintiendo el abismo que la separaba del resto y a sabiendas de que había mucho más que les unía pero sin ser capaz de sortear la enorme distancia.
Solo la maestra de literatura intentaba reconocerla y visibilizar y dotar de sentido su pose, seguramente porque le parecía muy literaria.
Estar en la calle tenía cierto encanto que terminaba cuando la libertad aparente de no tener obligaciones llegaba a la boca del estomago reclamando comida o cuando el frío se instalaba en tus huesos y no había cartón ni portal capaz de protegerte de esa conquista. Entonces la humillada postura de la limosna tomaba forma y se imponía con la misma cotidianeidad que el rugido del estomago, desterrando otros desvarios.
Pero cuando por la noche se sentaba bajo una farola a "estudiar" y el abismo con su mundo más cercano se hacía insalvable, soñaba con otros mundos posibles y sentía el valor de su postura, la valentía con la que se mantenía lejos de la mediocridad y la manipulación. Entonces se acercaba a los demás "carrilanos" con los que compartía, al menos, la precariedad de la libertad y bebía un largo trago del calimocho más cercano sin pedir permiso, ni justificarse.

domingo, 18 de marzo de 2012

¿Tejiendo la vida o cultivando la muerte?

Me acerque al balcon donde mi madre pasaba la mayor parte del día.
Desde que vino del pueblo a vivir a casa era el único lugar donde se sentía tranquila, desde alli dominaba la calle, el parque y parte de las casas de enfrente y para ella era suficiente, esa ventana al mundo desde su sillon era lo único que necesitaba para pasar el rato.
Las voces de sus nietos y sus amigos le llegaban hasta alli atenuadas por la pared que la separaba del comedor donde se arremolinaban unos alrededor del ordenador peleando por el dominio del raton que una y otra vez acababa en manos de mi hijo, porque "por algo estaba en su casa"- se justificaba ante los amigos. Y los más pequeños ante la playstation con la que aprendían a leer casi directamente en inglés: "¡aprieta donde dice star!"- decía el pequeño de apenas cuatro años.
A la abuela le hubiese gustado contarles historias de cuando ella era pequeña pero no la tomaban en serio, cuando ella empezaba a hablar de lo que había trabajado con diez años primero la incredulidad y luego la sorpresa dejaban paso rápidamente a un abismo de incomprensión imposible de sortear, o al menos eso creía yo.
Ella intentaba ser útil remendando los calcetines de mis hijos y yo le decía que era demasiado trabajo para lo que valían nuevos, cuidaba las cosas como si fuesen tesoros y a mi me enfurecía ver como (pensaba yo) daba más importancia a las cosas que a las personas, "eres una aguafiestas" ("desmancha-plazeres"-el término portugues definía mejor lo que yo quería decir)-le decía yo cuando reñía a los chicos por su impetuosidad.
Habiamos intercambiado los papeles, yo era la que consentía y ella la abuela que debía velar por conservar todos esos valores tradicionales y esa cantidad de normas que hacían de la vida una obligación sistemática y pesada. Ya sería recompensada en el otro mundo.
A mi madre le habían enseñado que la vida, sobre todo para las mujeres, era una sucesión de obligaciones serviles de las que solo la muerte liberaba. No era capaz de disfrutar, ni de desear más que lo que le habían permitido y, aún eso, con moderación. Era triste ver la tristeza, el vacio de su vida cuando llega al fín y ya esas obligaciones no tienen sentido y dejan de ser posibles pero tampoco el placer y el disfrute tienen cabida porque las costumbres y la religión lo han destituido.
Yo intentaba que aprendiese a andar sola pero ella me repetía una y otra vez que ni sabía ni quería, que siempre la habían llevado a los sitios y yo sentía con horror su limitación forjada a lo largo de tantos años de sentirse incapaz.
Quería ver la vida, la idea que tenía de la vida, desde su ventana y sin estridencias y mientras los pocos años que le quedaban se arremolinaban entre la pelusa de un rincón en la soledad, la incomunicación y la calma enfermiza de una vida sin deseos y ni placer.



“La condición mamífera”

“El animal humano se define por su carencia de instintos, porque la naturaleza es tan sólo en él una falta…”; “el hombre no es por ello el producto de una evolución natural, sino tan sólo el resultado de una ruptura con las leyes naturales”; “la sexualidad humana es libre por cuanto no está sujeta a ley natural alguna, se inscribe desde el principio en el terreno de lo simbólico”; “destituyo a la naturaleza lo mismo que a la cultura”…
Estas frases (extraídas del prólogo que el poeta español Leopoldo María Panero escribió para una recopilación de textos del Marqués de Sade) son un buen resumen de una poderosa corriente de pensamiento que ha atravesado por el mismo centro a la cultura occidental en sus más de dos mil años de historia.
En el siglo XXI, la postmodernidad está consistiendo en darnos cuenta de que muchas de las cualidades que habíamos tomado como esenciales, inherentes, al ser humano, no son tales, sino más bien relativas a un ser humano concreto, histórico y coyuntural: el ser humano de la civilización que se erigió desde el neolítico, de la civilización patriarcal.
El discurso feminista más conocido ha ubicado el patriarcado allí donde más se ve: en la dominación del hombre sobre la mujer (mujeres sin derecho al voto, sin derecho al divorcio, sin derecho al aborto, sin derecho al trabajo, sin derecho al poder económico, desigualdad salarial, violencia machista, etc….). De hecho, hoy los términos feminismo y patriarcado están -quizás por esa causa- desvalorizados por muchos, pues suenan a una guerra o revancha entre hombres y mujeres, que parece absurda.
Sin embargo, otros autores como Claudio Naranjo, han definido el patriarcado como algo mucho más amplio: como una forma de pensar y actuar compartida por todos, una forma de entender el mundo en la que el cerebro racional predomina (y domina, neutraliza) sobre los otros dos cerebros humanos: el cerebro límbico-instintivo, y el cerebro emocional.
El patriarcado así entendido, describe ese estado psico/físico/social patológico, caracterizado por la represión emocional, la separación cuerpo/mente y la escisión de la naturaleza, que ha caracterizado a la sociedad humana en los últimos cuatro o cinco mil años.
Wilhem Reich se percató de que ese proceso de represión emocional comenzaba desde el mismo momento del nacimiento. Y también que la represión emocional, la sexual y la social son las distintas caras de una misma represión vital.
Casilda Rodrigáñez ha explicado luego que ese proceso represivo está allí donde nunca hemos mirado: comienza y se reproduce precisamente con la supresión de la maternidad corporal, que priva al bebé mamífero humano de sus necesidades innatas.
La madre amorosa, empoderada, entrañable, primaria, original, disponible para su criatura a través de su cuerpo, de la lactancia, del colecho, del abrazo, del tiempo incondicional… ha sido aniquilada a través de la represión de la mujer durante varios milenios; a la vez que se ha institucionalizado el castigo, la soledad, la mano dura y la pedagogía negra desde el momento del nacimiento.
Así, la reproducción de la mente patriarcal, de la mente egoica y neurótica que hace posible la sociedad de la dominación, pasa por la negación de nuestra condición mamífera.
Porque el ser humano sí tiene un instinto, una necesidad, un deseo y un placer en el momento en que nace, como cualquier otro mamífero: el de succionar el pecho materno, de permanecer junto a él, de estar acompañado noche y día, de ser alimentado, portado y protegido durante meses y años sobre el cuerpo de su progenitora (y progenitores) como cualquier otro primate y mamífero.
Y es ahí, donde apenas hemos mirado, donde está el punto crítico de la civilización.
Curiosamente, los actuales corpus teóricos del feminismo de la igualdad, así como las teorías queer, al negar cualquier determinismo biológico en la construcción de la sexualidad, terminan convergiendo con su mayor enemigo, las doctrinas teológicas y bíblicas, en un mismo punto: la negación de la naturaleza.
Ello es comprensible si consideramos que tanto las mujeres como los homosexuales hemos necesitado a toda costa “demostrar científicamente” nuestro valor social. Si la sociedad hubiera sido tolerante con los seres humanos de todo tipo, forma, color y por supuesto filiación sexual, tales desvaríos teóricos no serían necesarios.
Porque lo cierto, lo que desde Darwin es ya innegable para muchos, es que los seres humanos somos primates, somos mamíferos y somos animales, y tal ruptura simbólica con las reglas de la naturaleza no puede producirse, porque en ello nos va nuestra propia condición humana. La neurobiología es cada vez más clara al respecto.
En ese sentido, las teorías ecologistas convergen con las teorías humanistas: nuestra humanidad está allí donde mismo están las otras formas de vida. La vida es un continuum. Y negarlo nos aboca a la destrucción que constatamos del resto de las especies vivas y del hábitat común de todos.
¿Puede existir un punto en el que feministas, homosexuales, católicos, ecologistas, humanistas, espirituales… podamos entonces convergir?
Sí, en el amor. En la importancia del amor, la tolerancia, el respeto, la solidaridad… para la supervivencia de la sociedad. Todos los valores éticos son expresiones sociales del amor. Y el amor es algo tangible, es una conducta concreta que se mama desde el principio, cuando nuestro cerebro y nuestro sistema emocional se empieza a construir: cada bebé que nace, inmaduro, igual que hace millones de años en la selva, trae inscrita una necesidad innata, el instinto y el deseo de succionar, y de permanecer arropado por el cuerpo maternante.
El neonatólogo Nils Bergman, director de la maternidad de Mowbray en Sudáfrica y uno de los mayores expertos internacionales en cuidados madre-canguro, lo explica y sustenta claramente:
“En términos biológicos, el Homo sapiens es un mamífero. Lo que caracteriza a todos los mamíferos es que tienen mamas (del latín ‘mammae’) destinadas a la alimentación de las crías. Las investigaciones biológicas en numerosos mamíferos han demostrado que los procesos neurológicos que tienen lugar durante la gestación (el desarrollo embrionario) están ‘altamente conservados’, es decir, son casi idénticos en todas las especies (Christensson, 1995). Los mecanismos endocrinos fundamentales de la gestación, son también notablemente similares en todas las especies (Keverne y Kendrick, 1994). Hay modelos de comportamiento programados por el sistema límbico de nuestro cerebro. Desde el nacimiento, todos los mamíferos presentan una ‘secuencia comportamental definida’ (Rosenblatt, 1994), que lleva al arranque y al mantenimiento del comportamiento de la lactancia. Existen diferencias en estas secuencias, cada especie tiene la suya propia. Un descubrimiento fundamental y sorprendente ha sido constatar que lo determinante es el comportamiento de la cría recién nacida; que es su actividad la que induce una respuesta cuidadora de su madre (Rosenblatt, 1994).”
Es en el momento del nacimiento, donde la ruptura con la naturaleza y con la condición mamífera se produce, perturbando el proceso de nacer (casi todas las culturas lo hacen de un modo u otro: separan al bebé de la madre y se lo llevan), socavando la lactancia, poniendo al niño a dormir solo, dejándolo llorar… y más tarde usando todas las estrategias conductistas de la crianza adultocéntrica.
Desde finales del siglo XX, los sociólogos (Giddens, Ibáñez…) se dieron cuenta de que es en la micro-sociología, en las conductas cotidianas, donde están las claves para comprender la macro-sociología, los grandes problemas de la humanidad.
Es hora ya de que aceptemos que la humanización del nacimiento, la crianza corporal, la educación desde el respeto y la empatía… es el principio de la justicia social. Y también del equilibrio entre la naturaleza y la cultura, el cuerpo y la mente, el intelecto y las emociones.
Ahí. Recuperando nuestra condición mamífera.
Por Ileana del blog Tenemos Tetas 

jueves, 8 de marzo de 2012

No me arrepiento de nada


"Desde la mujer que soy,
a veces me da por contemplar
aquellas que pude haber sido;
las mujeres primorosas,
hacendosas, buenas esposas,
que deseara mi madre.
No sé por qué
la vida entera he pasado
rebelándome contra ellas.
Odio sus amenazas en mi cuerpo.
La culpa que sus vidas impecables,
por extraño maleficio,
me inspiran.
Reniego de sus buenos oficios;
de los llantos a escondidas del esposo,
del pudor de su desnudez
bajo la planchada y almidonada ropa interior.
Estas mujeres, sin embargo,
me miran desde el interior de los espejos,
levantan su dedo acusador
y, a veces, cedo a sus miradas de reproche
y quiero ganarme la aceptación universal,
ser la "niña buena", la "mujer decente"
dechado de virtudes,
Sacarme diez en conducta
con el partido, el estado, las amistades,
mi familia, mis hijos y todos los demás seres
que abundantes pueblan este mundo nuestro.
En esta contradicción inevitable
entre lo que debió haber sido y lo que es,
he librado numerosas batallas mortales,
batallas a mordiscos de ellas contra mí
-ellas habitando en mí queriendo ser yo misma-
transgrediendo maternos mandamientos,
desgarro adolorida y a trompicones
a las mujeres internas
que, desde la infancia, me retuercen los ojos
porque no quepo en el molde perfecto de sus sueños,
porque me atrevo a ser esta loca, falible, tierna y vulnerable,
que se enamora como alma en pena
de causas justas, hombres hermosos,
y palabras juguetonas.
Porque, de adulta, me atreví a vivir la niñez vedada,
e hice el amor sobre escritorios
-en horas de oficina-
y rompí lazos inviolables
y me atreví a gozar
el cuerpo sano y sinuoso
con que los genes de todos mis ancestros
me dotaron.
No culpo a nadie. Más bien les agradezco los dones.
No me arrepiento de nada, como dijo la Edith Piaf.
Pero en los pozos oscuros en que me hundo,
cuando, en las mañanas, no más abrir los ojos,
siento las lágrimas pujando;
veo a esas otras mujeres esperando en el vestíbulo,
blandiendo condenas contra mi felicidad.
Impertérritas niñas buenas me circundan
y danzan sus canciones infantiles contra mí
contra esta mujer
hecha y derecha,
plena.
Esta mujer de pechos en pecho
y caderas anchas
que, por mi madre y contra ella,
me gusta ser."  
Gioconda Belli

¡¡¡Felicidades chicas!!!
 

viernes, 2 de marzo de 2012

¿Comunidad? ¿educativa?



He renunciado a mi cargo en la Junta de la Ampa del cole de mis chicos y a seguir colaborando y dinamizando el blog que cree como espacio de encuentro, información y comunicación de las familias del cole:  El blog de la Ampa
Son varios los motivos que me llevan a tomar esta decisión y no tienen tanto que ver con la Ampa en sí sino con el cole, sus metodologías, las actuaciones de sus profesores y los acotados espacios de participación y decisión que nos dejan a las familias.
Cuando entre a formar parte de la Junta de la Ampa lo hice desde el convencimiento de que un colegio es una Comunidad Educativa en la que todas las familias pueden y deben participar para contribuir entre todos a la construcción de una escuela en la que todas las familias nos sintamos reflejadas e incluidas; pero estando cerca he constatado que esta comunidad es mentira y las familias solo tenemos voz (cuando se dignan preguntarnos) pero no voto (aunque exista un Consejo Escolar) y, lo que es más triste, los niños tampoco tienen ningún poder de decisión ni siquiera en las cuestiones que más les afectan.

No solo se traiciona a los niños y niñas diciéndoles unas cosas, hablándoles de unos valores para luego hacerles formar parte de una competitiva carrera hacia el éxito sin motivar ni posibilitar relaciones colaborativas y de convivencia; sino que además se les expulsa, suspende y, en el peor de los casos, se les medica, por su propio bien. ¿Cómo podrán los maestros y maestras desde esta posición tan desventajosa crear vínculos y hacer sentir a los niños y niñas que no son una amenaza a su instinto de conservación?
En los años que llevo en el colegio me he ido dando cuenta de que los profesionales de la educación individualizan los problemas de los niños y niñas impidiendo, con esa fragmentación, que socialmente se perciban como algo colectivo y haciendo del fracaso escolar un problema individual de cada niña o niño y de su familia, sin compartir este fracaso.
No me siento dispuesta a seguir formando parte de esta falsa comunidad “educativa” y seguiré denunciando los abusos que se dan en la escuela y defendiendo a los niños y las niñas porque es un sistema con una competitividad brutal y un nivel de descalificación personal (cuando no alcanzas sus mínimos) tremendamente peligroso para los niños y niñas que se salen de la norma por alguna causa.

Si está habiendo una división en la comunidad educativa lo están provocando los maestros y maestras que se escudan en el corporativismo de "lo hacen todos" y yo ¿cómo me voy a sumar a una reivindicación que es una agresión en toda regla?
Hay cuatro razones básicas para defender las actividades complementarias:
1. Los mismos maestros y maestras siempre han insistido en su importancia para la motivación y el refuerzo de contenidos curriculares.
2. Todas necesitamos de espacios de excepción dentro de la cotidianeidad y la norma.
3. No todos los padres tienen inquietudes culturales y una función de la escuela es facilitar experiencias a los niños y niñas que no tienen posibilidades en su entorno, es otra forma de luchar contra las desigualdades sociales.
4. Un amplio sector relacionado, sobre todo teatros infantiles y cuentacuentos salen muy perjudicados también injustamente.

Se pide a las familias apoyo, se pide un esfuerzo, pero los maestros y maestras no pueden salirse de su pequeño mundo y acercarse al mundo de los mortales (que perdonen los que no son así); se habla de Comunidad Educativa pero los padres solo podemos acatar sus decisiones y apoyarlas aunque nos perjudiquen. Y ni siquiera se votaron las medidas que han tomado en el Consejo Escolar aunque modificaban la PGA que ya había sido aprobada.

sábado, 21 de enero de 2012

¿Queremos una educación pública sin más?

ESTO ES LO QUE NO LES DAN LA MAYORÍA DE MAESTROS A NUESTROS NIÑOS. ESTO ES POR LO QUE DEBERÍAN SALIR A LA CALLE Y SON COMPLICES DE QUE ESTO NO SEA PÚBLICO Y QUE TODOS NOS CONFORMEMOS CON LA IDEA DE CALIDAD QUE NUNCA HA ESTADO EN EL SISTEMA EDUCATIVO, SI ACASO EN FORMA DE IDEA NUNCA PUESTA EN PRÁCTICA CON LA LOGSE Y CON LA CONCEPCIÓN DE LA ESCUELA COMO UN LUGAR IMPRESCINDIBLE (Y OBLIGATORIO)  DONDE "GUARDAR" A LOS NIÑOS.

He aquí una pequeña muestra, sacada de la revista Kidsein, de los revolucionarios de la educación. Son maestros, intelectuales, científicos, médicos que iniciaron la lucha por liberar a los niños de un encierro de más de 13 años que aniquila su creatividad y sus ganas innatas de aprender. Sus ideas os sorprenderán, y os harán comprender mejor a vuestros hijos.

. Roger Shank: «¡Convirtamos las escuelas en apartamentos!»

. John Taylor Gatto: «¿Cuántas pruebas más hacen falta?»

. Francesc Ferrer i Guàrdia: Fundador de la Escuela Moderna

. John Holt: «A la mayoría de los americanos no le gustan los niños... ni siquiera los propios»

. Maria Montessori: «Yo estudio a mis niños, y ellos me muestran cómo debo enseñarles»

. Jerry Mintz: 10 signos para saber si su hijo necesita otro tipo de educación


Sin olvidar a Ivan Illich, Tolstoi, Neill, Goodman, Paulo Freire, Celestin Freinet, Pestalozzi y tantos otros prácticos o teoricos de la educación que propusieron cambios para mejorar la educación que nunca se han tenido en cuenta. ¿Porque?
La curiosidad y el interés propio juegan el mismo papel en el proceso de aprendizaje que el hambre y el apetito en la alimentación. La obligación prolongada de tragar (la comida o el conocimiento) facilmente causa trastornos (de la alimentación y del aprendizaje).

PERO ESTO ES LO QUE NOS PIDEN QUE APOYEMOS, BASICAMENTE ES LO QUE LOS MUEVE A MOVERSE:
http://www.feteugtpaisvalencia.es/webwp/wp-content/uploads/ASAMBLEAS-informativas-2012.pdf
POR LOS NIÑOS NUNCA SE MOVERÍAN, DE HECHO LOS SUSPENDEN, MARGINAN, ANIQUILAN SU AUTOESTIMA Y SU CREATIVIDAD, SU BUENA VOLUNTAD Y LOS DESEOS INNATOS QUE TIENEN DE SABER, ENCIMA LOS CLASIFICAN COMO HIPERACTIVOS, DELINCUENTES O MAL-EDUCADOS Y LOS MEDICAN, TRAICIONAN Y ENTREGAN A LOS SERVICIOS SOCIALES O LA POLICÍA, LOS DECLARAN FRACASADOS SIN COMPARTIR SU FRACASO; SIN EMBARGO POR ESAS FUNCIONES REPRESORAS MAS PROPIAS DE LA POLICIA Y QUE PERVIERTEN SU NOBLE FUNCIÓN, NO SE QUEJAN, QUE VA RECLAMAN UN ESTATUS SIMILAR AL DEL PÒLICIA QUE LES DÉ EL DESEADO RESPETO QUE ELLOS NO COMPARTEN CON SUS ALUMNOS.
SINCERAMENTE CREO QUE  A LO MEJOR LO MEJOR QUE LES PUEDE PASAR A LOS NIÑOS ES QUE LA ESCUELA PÚBLICA DESAPAREZCA Y CON ELLA SU ENCIERRO OBLIGATORIO. QUIZAS ASI RECUPERASEMOS A LAS ADULTAS RESPONSABLES QUE CUIDAN Y PROTEGEN A SUS CRIATURAS CAMINANDO A SU LADO POR LA VIDA.

Yo no quiero apoyar las movilizaciones si no se retractan porque entre las medidas que han decidido tomar esta la no realización de las actividades "extraacadémicas" contempladas en la PGA y entre las cuales estan las contadas excursiones (2 o 3) que realizan a lo largo del curso, la falla que realizan con l@s alumn@s, las Jornadas de Convivencia, el día del libro... y otra vez el castigo es para l@s niñ@s y sus necesidades vuelven a ser obviadas, eliminando los pequeñísimos espacios para lo lúdico, lo colaborativo, lo convivencial y lo creativo que tienen en la escuela, ya es hora de que en sus reivindicaciones empiecen a mirar por los niños y las niñas y sus necesidades e intereses.
La escuela es un lugar hecho para l@s niñ@s pero sin l@s niñ@s.

jueves, 12 de enero de 2012

Yo de mayor quiero ser... libre


Hoy me he levantado con las mismas prisas de cada día, sin apenas tener tiempo de desayunar y jugar un poco antes de salir de casa y estresado por las órdenes de mi madre que siempre dice que vamos a llegar tarde.
He llegado al cole y me he colocado por orden de lista en la fila, siempre me toca el penúltimo y siempre detrás de Erik que no para de molestarme y darme empujones. No sé porque tenemos que colocarnos en fila, no sé porque tenemos que ponernos por orden de lista y no sé porque tenemos que venir al colegio. Mi madre dice que para aprender pero yo aprendo mucho más cuando salgo al campo con mi abuelo, o cuando mi tío Jorge me lleva de excursión, o cuando mi profesora me lleva a un museo, aprendo más cosas incluso cuando voy de compras con mi madre y cuando me siento en el ordenador aburrido sin saber a que jugar y me pongo a buscar cosas sin sentido o cosas que nunca he podido explicarme, pero como más aprendo yo creo que es jugando porque asi sin darme cuenta pongo en práctica muchas cosas, que en la escuela me parecen un rollo, y no se me olvidan.
Hoy hemos empezado en la clase de lengua corrigiendo los deberes y, como siempre, Said los tenía mal y Denis no los había hecho.
Pobre Said, su madre no le deja salir al parque hasta que no saque un ocho en un examen y él, aunque estudia y trabaja en casa, no consigue pasar del seis y eso cuando aprueba. La maestra le hace repetir los deberes casi todos los días y tiene las libretas llenas de tachaduras, de notas y cruces del boli rojo corrector de la maestra. Si yo fuera él no haría nada porque para que me lo hagan repetir y me riñan constantemente...
Denis sin embargo tiene mucha suerte, sus padres no están nunca en casa y él se va del parque el último. Nunca le riñen ni le controlan los deberes, si ni siquiera le hacen la comida. El otro día me invito a comer y, para mi sorpresa, no vino su madre (no se lo digais a la mia) y nos preparamos una pizza en el microondas. ¡Menuda suerte!. Además tampoco le riñen cuando lleva las notas con cuatro o cinco suspensos, dicen que ya trabajará cuando sea mayor que la escuela es una perdida de tiempo pero que es obligatoria. Su padre trabaja en la naranja pero, a veces tiene que irse fuera porque aquí no hay trabajo, igual esta en Lérida que en Navarra o en Francia. La profe le ha dicho a Denis que lleva el mismo camino que su padre ¿que le habrá querido decir?, él está muy orgulloso de las ciudades y países que conoce su padre, siempre le trae chorradas de esos sitios, llaveros o figuras con el cartelito de recuerdo e incluso piedras o bolsitas con tierra pero él los tiene como un tesoro. Mientras nosotros coleccionamos cromos, él colecciona, ¿como los llama?: "trozos de sitios".
En clase de mates toca hacer  ficha: ¡uf! veinticinco divisiones, cuando voy por la mitad me pregunta Javier cuantas son siete por ocho, cincuenta y...la profe nos oye y nos manda callar, ¿tan malo es que conteste a la duda de mi compañero?, si pudiese hacerlas con él sería mucho más divertido y además podría ayudarle, aunque preferiría no hacerlas. Javier me vuelve a preguntar y la profe lo castiga diez minutos sin patio y nos manda bajar a los demás.
Denis también se ha tenido que quedar, como casi siempre, a hacer los deberes y los demás hemos bajado en tropel, a disfrutar del mejor rato de la escuela. Solo tenemos el balón asi que a los que no nos gusta jugar al futbol nos toca entretenernos charlando o aguzando el ingenio inventando juegos pero el rectangulo tapiado del patio desnudo y la ausencia de rincones donde escondernos de la mirada vigilante del profe de turno anula cualquier idea, además todo lo que nos parece divertido siempre acaba estando prohibido y siendo una mala idea que acaba en castigo.
Yo tengo suerte y salgo dentro de dos horas a comer a casa y paso un rato en el parque y me da tiempo de leer tebeos o jugar en casa antes de comer pero muchos, la mayoría, pasan el día entero aqui.
¡Me gustaría tanto que no existiera el colegio!, tendría tiempo para hacer tantas cosas... Pero mi madre dice que, ya que es obligatorio, debo aprovecharlo lo más posible y hacer mis tareas y estudiar que nunca se sabe para lo que puede servirnos y el saber no ocupa lugar...PERO OCUPA MUCHISIMO TIEMPO.

¿Que pasaría si las puertas de las escuelas estuviesen abiertas siempre y no fuese obligatoria la asistencia?, ¿que pasaría si no cumpliesen la función de guardar que pervierte la función del profesor?, ¿que pasaría si hubiese otros espacios en los colegios, ademas de las aulas y los niños pudiesen elegir?, ¿que pasaría si los padres no pudiesen comprobar la asistencia de sus hijos y no pudiesen exigirla?, ¿que pasaría si toda la comunidad nos responsabilizasemos de nuestra infancia y les procurasemos un mundo más seguro donde crecer, experimentar y satisfacer sus deseos?


"Educacion es lo que perdura despues de que uno ha olvidado lo que aprendio en la  escuela"
Albert Einstein